Versículos sobre

criar a los hijos

Versículos sobre criar a los hijos y ser padres

Dos de estos versículos son advertencias dirigidas a los padres, no a los hijos. Pablo dice a los padres que no provoquen a ira a sus hijos, y en Colosenses da la razón: porque no se hagan de poco ánimo. Es notable encontrar eso en una carta del siglo primero: una instrucción a considerar lo que el ánimo de un niño puede soportar.

Deuteronomio describe la enseñanza como algo tejido en las horas comunes: estando en casa, andando por el camino, al acostarse, al levantarse. No una lección que se imparte, sino una conversación que casi nunca se detiene.

A Proverbios 22:6 se le ha cargado más peso del que puede sostener. Es un proverbio — una observación general sobre cómo suele ir la vida — y leerlo como garantía ha dejado a muchos padres fieles sintiendo que fracasaron.

Los versículos

Toca cualquier versículo para abrirlo en FirstVerse, donde puedes leer el pasaje que lo rodea, lo que escribieron los comentaristas y los pasajes relacionados.

Proverbios 22:6

Instruye al niño en su carrera: aun cuando fuere viejo no se apartará de ella.

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Efesios 6:4

Y vosotros, padres, no provoquéis á ira á vuestros hijos; sino criadlos en disciplina y amonestación del Señor.

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Colosenses 3:21

Padres, no irritéis á vuestros hijos, porque no se hagan de poco ánimo.

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Deuteronomio 6:7

Y las repetirás á tus hijos, y hablarás de ellas estando en tu casa, y andando por el camino, y al acostarte, y cuando te levantes:

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Salmos 127:3

He aquí, heredad de Jehová son los hijos: cosa de estima el fruto del vientre.

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Isaías 54:13

Y todos tus hijos serán enseñados de Jehová; y multiplicará la paz de tus hijos.

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Proverbios 20:7

El justo que camina en su integridad, bienaventurados serán sus hijos después de él.

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Marcos 10:14

Dejad los niños venir, y no se lo estorbéis; porque de los tales es el reino de Dios.

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1 Tesalonicenses 2:7

Antes fuimos blandos entre vosotros como la que cría, que regala á sus hijos:

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Proverbios 1:8

Oye, hijo mío, la doctrina de tu padre, y no desprecies la dirección de tu madre:

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Abre Efesios 6:4 en FirstVerse para ver la instrucción que lo precede.

Leyendo estos pasajes

El versículo que encabeza esta página es el que todo padre ha oído, y es también el que los estudiosos nunca han logrado acordar. El desacuerdo no es de matiz: es sobre si el versículo anima o advierte.

Instruye al niño en su carrera: aun cuando fuere viejo no se apartará de ella.

La frase hebrea que hay detrás es al-pi darkó, literalmente «conforme a la boca de su camino». No aparece en ella ninguna palabra que signifique debido o correcto. Muchas versiones en otros idiomas la suplen —«el camino que debe seguir»— y esa palabra añadida sostiene la lectura que casi todo el mundo conoce: hay una senda correcta y al padre le toca poner al hijo en ella.

El castellano de 1909 no hizo eso. Puso su carrera, con el posesivo desnudo y sin corregirlo. Y carrera no es una senda moral: es el curso que algo recorre, la pista, la trayectoria propia. De modo que el lector en español lleva un siglo leyendo la segunda de las lecturas posibles sin saber que es una de varias.

Esa segunda lectura dice: instruya a cada niño conforme a lo que ese niño es —su temperamento, su inclinación, la veta particular de la madera que le tocó—. No trata de un camino universal en absoluto. Trata de prestar atención a cuál hijo tiene usted delante.

Hay una tercera, más antigua de lo que suena, que toma la frase entera como advertencia. Deje que el niño siga su propia carrera, y de viejo tampoco se apartará de ella. Proverbios es un libro que dice cosas duras en tono seco, y nada en el hebreo lo descarta.

Estas lecturas no son compatibles entre sí y esta página no va a elegir. Lo que sí conviene saber es que la lectura más difundida en otras lenguas depende de una palabra que no está en la frase, y que la versión española que usted está leyendo tomó, sin comentarlo, la otra.

Qué significaba instruir

El verbo hebreo es chanak, y es raro: aplicado a una persona aparece solamente aquí. En el resto de la Biblia es lo que se hace con un edificio. El templo de Salomón fue chanak-ado; la fiesta de Janucá toma su nombre de esa raíz, y conmemora la rededicación de un templo profanado, no la construcción de uno nuevo.

Así que la palabra habla de consagrar —apartar algo para el uso para el que fue hecho— y no de adiestrar ni de dar lecciones. Algunos léxicos añaden un sentido más, tomado del cognado árabe, donde la raíz describe a la partera que frota dátil machacado en el paladar del recién nacido para que empiece a mamar. Si ese sentido estaba vivo en hebreo es discutido. Pero los dos apuntan en la misma dirección: algo que se hace al principio, para poner una cosa en marcha, y no un programa administrado durante años.

¿Promesa o proverbio?

La segunda mitad es donde se produce el daño pastoral. aun cuando fuere viejo no se apartará de ella.

Leída como promesa, esa frase le dice a un padre cuyo hijo adulto se apartó de la fe que la falla es rastreable, y suya. A muchísima gente se le ha dicho exactamente eso, a veces desde su propia congregación.

Leída como proverbio, dice lo que dicen los proverbios: así suele ir la vida. El mismo libro observa que el diligente prospera y que la respuesta blanda aparta el furor, cosas ciertas en general y con excepciones que cualquiera puede nombrar. Y la propia Escritura aporta los contraejemplos. Samuel se crió en el tabernáculo y sus hijos tomaron soborno. Ezequías fue de los mejores reyes que tuvo Judá, y su hijo Manasés de los peores.

Los cristianos se dividen aquí, y la división es real y no un caso de que un bando lea con descuido. Unos sostienen que una promesa en la Escritura es una promesa, y que los fracasos aparentes están inconclusos y no cerrados. Otros sostienen que Proverbios pertenece a un género que trafica en tendencias, y que leerlo como garantía es usar mal el libro. Las dos posturas producen cuidados pastorales muy distintos, y por eso esta discusión importa más de lo que suele importar una disputa textual.

Repetir, o afilar

Deuteronomio describe algo más modesto y más incesante: Y las repetirás á tus hijos, y hablarás de ellas estando en tu casa, y andando por el camino, y al acostarte, y cuando te levantes.

Aquí el castellano eligió y perdió algo al elegir. El hebreo es una sola palabra, shanan, y su sentido ordinario es afilar: sacar filo a una hoja, asentar un cuchillo. Se usa de flechas, de espadas y de una lengua lo bastante aguda como para herir. La imagen es la de una repetición contra una superficie hasta que algo toma filo.

Repetirás conserva el método y suelta la figura. No es un error —el hebreo implica repetición, y algunos lexicógrafos derivan el sentido de «repetir» de esa misma raíz—, pero el lector en español recibe una instrucción sobre la frecuencia donde el original daba además una instrucción sobre el resultado.

Los cuatro escenarios son un merismo, la manera hebrea de decir «todo» nombrando los extremos: en casa y por el camino, al acostarse y al levantarse, que es un día entero desde antes de empezar hasta después de terminar. Nada de esto está programado. No hay lección, ni hora apartada, ni temario.

Y el versículo anterior pone el material en un sitio primero: Y estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón. En el padre, y después en la conversación. El orden no es decorativo: un pasaje que describe la enseñanza como charla constante y no preparada tiene que suponer que el que enseña ya lleva encima la cosa, porque en el cuadro no hay tiempo de preparación.

Criar

Y vosotros, padres, no provoquéis á ira á vuestros hijos; sino criadlos en disciplina y amonestación del Señor.

El verbo que el castellano usa aquí es el mismo que da título a esta página, y tiene dos oficios. Criar es sacar adelante a un hijo. Y criar es también amamantar: la que cría es la nodriza. Cuando Pablo, cuatro cartas más allá, quiere describir cómo trató a una iglesia, esta misma versión escribe como la que cría, que regala á sus hijos. Un solo verbo español cubre las dos escenas, y el mandato a los padres queda dicho con la palabra del pecho.

El griego al que Pablo se dirige es patéres, ordinariamente padres varones, aunque ese mismo plural cubre a la madre y al padre de Moisés juntos en Hebreos. Cuál de las dos cosas quiere decir aquí es discutible. En una casa del siglo primero la instrucción cae de todos modos con más peso sobre el padre, porque era él quien tenía el poder que el versículo limita.

Y eso es lo que hay que notar. El derecho romano daba al padre una autoridad sobre su casa que se extendía, formalmente, hasta la vida y la muerte. Dentro de eso, Pablo escribe un límite, y el límite no versa sobre la obediencia del hijo sino sobre el efecto del padre. Lo que se regula es el ejercicio del poder por parte de quien lo tiene.

Disciplina y amonestación son paideía y nouthesía. La primera es el concepto griego entero de la crianza, disciplina y educación a la vez, la formación de una persona. La segunda es más estrecha y más suave de lo que amonestación suena hoy: es corrección de palabra, poner algo en la mente de alguien. Ninguno de los dos términos es primariamente castigo, aunque paideía lo incluye.

Una letra que quizá no pertenece

La frase de Tesalonicenses contiene, además, uno de los problemas textuales más conocidos del Nuevo Testamento: Antes fuimos blandos entre vosotros como la que cría, que regala á sus hijos.

Blandos traduce ḗpioi. Pero un conjunto importante de manuscritos lee nḗpioi —niños de pecho—, y la diferencia es una sola letra, que además es la letra con la que termina la palabra anterior, de modo que un copista pudo duplicarla o dejarla caer sin notarlo. La evidencia manuscrita favorece levemente niños; el sentido favorece con fuerza blandos, porque Pablo pasa en la misma frase a compararse con una mujer que amamanta, y ser un lactante y una nodriza a la vez es una imagen difícil de sostener.

Los editores llevan dos siglos divididos. Sirve de recordatorio de que el texto del Nuevo Testamento se conoce con un grado de certeza muy alto y no total, y de que los puntos donde no es seguro son casi todos como éste: pequeños, visibles y discutidos a la luz del día.

Cuatro versículos más adelante Pablo cambia de figura sin disculparse y dice que trató a cada uno como el padre á sus hijos. No está siendo cuidadoso con cuál de los dos progenitores. Toma el que sostenga el peso de la frase que está escribiendo.

De los tales

Marcos registra una de las pocas ocasiones en que los evangelios describen a Jesús enojado, y el motivo es menor: Y viéndolo Jesús, se enojó, y les dijo: Dejad los niños venir, y no se lo estorbéis; porque de los tales es el reino de Dios.

Los discípulos, en cualquier lectura sensata, estaban haciendo su trabajo. Un niño no podía seguir a un maestro, ni devolver un favor, ni contar en un gentío. Apartarlos era organizar la fila.

Y de los tales no es «de éstos». El griego toioúton significa de esta clase, de este tipo, lo cual ensancha la frase más allá de los niños que tenía delante hasta cualquiera que esté en su posición. El versículo siguiente hace explícita la dirección del movimiento, y es la contraria a la que se supone: a los adultos se les manda recibir el reino como un niño, no a los niños crecer hasta merecerlo.

El Salmo 127 dice algo emparentado en lenguaje de patrimonio: He aquí, heredad de Jehová son los hijos: cosa de estima el fruto del vientre. Una heredad es la única forma de riqueza que nadie se gana. Y el salmo abre desmontando la alternativa —Si Jehová no edificare la casa, en vano trabajan los que la edifican— antes de llegar a los hijos, lo que sugiere que la colocación es un argumento y no un cambio de tema.

Queda Proverbios 1:8, discretamente insólito para su tiempo: Oye, hijo mío, la doctrina de tu padre, y no desprecies la dirección de tu madre. La palabra hebrea que aquí se traduce dirección es torah: el término que designa lo que fue dado en Sinaí. El castellano lo aligeró, y con ello se pierde la sorpresa del original, que es que la torah pertenezca a la madre, en una cultura que apenas dejó constancia de lo que enseñaban las mujeres. Treinta capítulos después el libro cierra con un pasaje que un rey dice haber aprendido de la suya. Sea lo que sea lo que Proverbios da por supuesto de una casa, no da por supuesto que la enseñanza venga de un solo padre.

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Preguntas frecuentes

¿Qué dice la Biblia sobre criar a los hijos?

Dos de estos versículos son advertencias dirigidas a los padres, no a los hijos. Pablo dice a los padres que no provoquen a ira a sus hijos, y en Colosenses da la razón: porque no se hagan de poco ánimo. Es notable encontrar eso en una carta del siglo primero: una instrucción a considerar lo que el ánimo de un niño puede soportar.

¿Cuál es el versículo más citado sobre criar a los hijos?

Proverbios 22:6 — “Instruye al niño en su carrera: aun cuando fuere viejo no se apartará de ella.”

¿Garantiza Proverbios 22:6 que mis hijos seguirán en la fe?

Es un proverbio: una observación general sobre cómo suele ir la vida, no una garantía. Leído como promesa les dice a padres fieles cuyos hijos se apartaron que debieron de fallar, y eso ha hecho daño real.

¿Qué le dice la Biblia a los padres y no a los hijos?

Efesios 6:4 y Colosenses 3:21 advierten a los padres que no provoquen a sus hijos, y Colosenses da la razón: para que no se hagan de poco ánimo. Deuteronomio 6:7 describe la enseñanza tejida en las horas comunes del día.

Temas relacionados

Escritura: Reina-Valera 1909, dominio público. Última actualización: 15 de agosto de 2026.