Versículos sobre

amar a los enemigos

Versículos sobre los enemigos, la venganza y hacer bien a quien te hace daño

Es la instrucción más difícil del Nuevo Testamento, y Jesús la da sin condiciones: amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen. Cuatro verbos, todos activos. Ninguno es sentir.

El argumento de Pablo en Romanos 12 no es que la venganza esté mal porque tú seas mejor que eso. Es que la venganza pertenece a otro: Mía es la venganza, yo pagaré, dice el Señor. La prohibición es de jurisdicción, no de moral.

Lo que sigue es aún más extraño. Da de comer a tu enemigo, dale de beber, y ascuas de fuego amontonas sobre su cabeza. Los comentaristas llevan siglos discutiendo esa imagen. Lo que no se discute es la instrucción que va con ella.

Los versículos

Toca cualquier versículo para abrirlo en FirstVerse, donde puedes leer el pasaje que lo rodea, lo que escribieron los comentaristas y los pasajes relacionados.

Mateo 5:44

Mas yo os digo: Amad á vuestros enemigos, bendecid á los que os maldicen, haced bien á los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen;

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Lucas 6:27

Mas á vosotros los que oís, digo: Amad á vuestros enemigos, haced bien á los que os aborrecen;

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Romanos 12:19

No os venguéis vosotros mismos, amados míos; antes dad lugar á la ira; porque escrito está: Mía es la venganza: yo pagaré, dice el Señor.

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Romanos 12:20

Así que, si tu enemigo tuviere hambre, dale de comer; si tuviere sed, dale de beber: que haciendo esto, ascuas de fuego amontonas sobre su cabeza.

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Romanos 12:21

No seas vencido de lo malo; mas vence con el bien el mal.

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Proverbios 25:21

Si el que te aborrece tuviere hambre, dale de comer pan; y si tuviere sed, dale de beber agua:

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Lucas 6:37

No juzguéis, y no seréis juzgados: no condenéis, y no seréis condenados: perdonad, y seréis perdonados.

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Proverbios 24:17

Cuando cayere tu enemigo, no te huelgues; y cuando tropezare, no se alegre tu corazón:

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1 Pedro 3:9

No volviendo mal por mal, ni maldición por maldición, sino antes por el contrario, bendiciendo; sabiendo que vosotros sois llamados para que poseáis bendición en herencia.

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Mateo 5:9

Bienaventurados los pacificadores: porque ellos serán llamados hijos de Dios.

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Nada aquí te pide quedarte cerca de quien te hace daño. Amar a un enemigo y estar a solas con él son cosas distintas.

Cómo leer estos pasajes

Jesús abre esta enseñanza citando la Escritura, y la mitad de lo que cita no está en ella.

Oísteis que fué dicho: Amarás á tu prójimo, y aborrecerás á tu enemigo. La primera parte es Levítico 19:18, palabra por palabra. La segunda no aparece en ningún lugar del Antiguo Testamento. No hay un solo versículo que mande aborrecer a un enemigo, y el propio Levítico va en la dirección contraria dos líneas antes, prohibiendo el rencor sin matices: No te vengarás, ni guardarás rencor á los hijos de tu pueblo: mas amarás á tu prójimo como á ti mismo.

Así que Jesús no está corrigiendo la Ley. Está corrigiendo un resumen de la Ley al que la gente había llegado por su cuenta: la deducción natural de un mandato que especifica «prójimo», que es suponer que los demás quedan fuera. La comunidad de Qumrán escribió algo muy parecido en su regla, mandando amar a los hijos de la luz y aborrecer a los hijos de las tinieblas, de modo que la idea no se inventó para el sermón. Estaba en el aire. Lo que Jesús ataca no es un texto sino una lectura.

Bajo ocupación

Quienes escuchaban vivían bajo ocupación militar, y eso no es ambientación. Determina a quién se refiere la palabra enemigo.

Unas líneas antes, en el mismo sermón, Jesús dice: Y á cualquiera que te cargare por una milla, ve con él dos. El verbo griego que hay detrás es un término técnico: el derecho de un soldado romano a obligar a un civil a llevarle el equipo. No es una metáfora sobre esforzarse en el trabajo. Es una potestad legal concreta y humillante a la que el auditorio estaba sujeto, y la instrucción es duplicarla por voluntad propia.

De modo que cuando llega el mandato —Amad á vuestros enemigos, bendecid á los que os maldicen, haced bien á los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen— los enemigos de los que se habla no son parientes difíciles. Son un ejército de ocupación y quienes colaboran con él. Es el caso más duro posible, elegido a propósito, y conviene recordarlo cuando el versículo se aplica a agravios menores.

Fíjate además en que los cuatro verbos son cosas que se hacen. Amar, bendecir, hacer bien, orar. Ninguno es sentir. Exija lo que exija el mandato, no empieza exigiendo que el afecto llegue primero — que es la objeción que casi todo el mundo le pone, y el texto ha declinado sin ruido convertir eso en requisito previo.

Ascuas de fuego

Pablo cita Proverbios para el argumento práctico y aterriza en una imagen que nadie ha terminado de explicar: Así que, si tu enemigo tuviere hambre, dale de comer; si tuviere sed, dale de beber: que haciendo esto, ascuas de fuego amontonas sobre su cabeza.

Hay tres lecturas con apoyo serio y no son compatibles entre sí.

La más antigua entiende las ascuas como vergüenza: la cara ardiendo de quien recibe una bondad que no puede justificar, y el bien recibido trabajándole la conciencia hasta cambiarlo. Así lo leyeron casi todos los comentaristas antiguos, y encaja con la frase que sigue —vencer con el bien el mal— que describe una victoria y no un castigo.

Una segunda lectura, argumentada desde fuentes egipcias, apunta a un rito de penitencia en el que alguien llevaba un brasero de carbones encendidos sobre la cabeza como señal pública de arrepentimiento. Según eso, la frase significa que lo llevarás al arrepentimiento, y las ascuas son suyas en lugar de algo que tú le infliges.

La tercera es la incómoda, y toma las ascuas como juicio: la bondad que el enemigo rechaza no hace más que agravar lo que debe, y el versículo te está diciendo que lo dejes en manos de Dios — lo cual casa bien con lo que se dijo dos líneas antes sobre la venganza y bastante mal con el tono general.

Proverbios, de donde sale la línea, añade una cláusula que Pablo omite: Porque ascuas allegas sobre su cabeza, y Jehová te lo pagará. Tampoco eso lo zanja — y de paso conviene notar que la Reina-Valera usa dos verbos distintos en los dos sitios, allegar en Proverbios y amontonar en Romanos, allí donde se trata de la misma cita. Esta página no va a fingir que la cuestión está cerrada. En lo que las tres lecturas coinciden es en la instrucción, que es darle de comer.

Reasignada, no cancelada

Entre el mandato y las ascuas está la frase que vuelve practicable todo lo demás: No os venguéis vosotros mismos, amados míos; antes dad lugar á la ira; porque escrito está: Mía es la venganza: yo pagaré, dice el Señor.

Pablo cita el Deuteronomio, del Cántico de Moisés, y la cita hace un trabajo muy concreto. No dice que el agravio fuera pequeño, ni que no ocurriera, ni que al enemigo se le entienda mal. Concede el caso entero. Lo que retira es tu legitimación para actuar sobre él. Ahí la venganza no se abole: cambia de jurisdicción, y la razón por la que puedes bajar los brazos es que el expediente lo lleva otro.

En medio queda una ambigüedad que los comentaristas nunca han resuelto del todo. Dad lugar á la ira, ¿a la de quién? La mayoría la lee como la de Dios: apártate y hazle sitio, que es lo que apoya la cita inmediata. Algunos la leen como la tuya: dale a tu propia ira algún sitio adonde ir en vez de descargarla. La primera está mejor sostenida. La instrucción práctica es la misma en las dos.

Lucas pone la misma contención en otro tono: No juzguéis, y no seréis juzgados: no condenéis, y no seréis condenados: perdonad, y seréis perdonados. Juzgar es una opinión; condenar es un veredicto. Las dos se retiran antes incluso de mencionar el perdón — un orden que vale la pena notar, porque significa que el versículo no te pide concluir que el enemigo era inocente. Te pide no ser tú quien falle el caso.

No es un sentimiento, es una negativa

Pedro lo formula en negativo, y la manera de decirlo merece que se baje la marcha: No volviendo mal por mal, ni maldición por maldición, sino antes por el contrario, bendiciendo; sabiendo que vosotros sois llamados para que poseáis bendición en herencia.

Volver aquí es devolver, pagar lo que se debe. La imagen es la de una transacción que se rechaza. Y la razón que da no es que el otro merezca algo mejor, lo cual sería falso en la mayoría de los casos que el versículo cubre. Es que a esto fuiste llamado, y que la herencia que lleva adjunta es una bendición.

Proverbios regula el interior con la misma sobriedad: Cuando cayere tu enemigo, no te huelgues; y cuando tropezare, no se alegre tu corazón. Es la única instrucción de la página que no se puede ejecutar. Dar de comer a un enemigo se ve; no alegrarse cuando le va mal, no, y nadie se enteraría. El proverbio regula una satisfacción privada que no tiene ninguna consecuencia externa, lo cual indica que en ese caso la preocupación no es el bienestar del enemigo. Es lo que esa satisfacción le hace a quien la siente.

Los que hacen la paz

Bienaventurados los pacificadores: porque ellos serán llamados hijos de Dios.

El griego dice eirenopoioi, de poieo, hacer, fabricar. Los que hacen la paz. No los que la guardan ni los pacíficos, y el castellano acierta aquí donde otras lenguas se despistan: pacificador es quien pacifica algo, no quien está tranquilo. La palabra describe a gente que produce una paz que no estaba, lo cual es trabajo activo y suele implicar meterse en un conflicto en vez de mantenerse fuera.

La distinción importa porque la bienaventuranza se oye a menudo como elogio de un temperamento: los calmados, los que rehúyen el roce, los que no dan problemas. Eso es casi lo contrario de lo que dice la palabra. Quien evita todo conflicto no hace ninguna paz; se limita a no perturbar un estado existente, que puede no ser paz en absoluto.

Y el premio es un nombre y no un beneficio: serán llamados hijos de Dios. En la lógica del sermón, hacer la paz es el parecido de familia. Es lo que identifica de quién eres, que es también la razón por la que el mandato de amar a los enemigos se fundamenta, unos versículos más abajo, en lo que Dios hace con los suyos.

Con lo que Romanos 12:21 queda como resumen, y está planteado como una competencia y no como un deber: No seas vencido de lo malo; mas vence con el bien el mal. Pablo no argumenta que devolver el golpe esté mal, aunque es evidente que lo piensa. Dice que es perder. Quien responde con lo mismo ha sido vencido por aquello contra lo que peleaba, y se ha convertido en una unidad más de ello.

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Preguntas frecuentes

¿Qué dice la Biblia sobre amar a los enemigos?

Es la instrucción más difícil del Nuevo Testamento, y Jesús la da sin condiciones: amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen. Cuatro verbos, todos activos. Ninguno es sentir.

¿Cuál es el versículo más citado sobre amar a los enemigos?

Mateo 5:44 — “Mas yo os digo: Amad á vuestros enemigos, bendecid á los que os maldicen, haced bien á los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen;”

¿Dónde dice la Biblia «aborrecerás a tu enemigo»?

En ninguna parte. Jesús lo cita en Mateo 5:43, pero solo la primera mitad, amarás a tu prójimo, es Escritura, de Levítico 19:18. Ningún versículo del Antiguo Testamento manda aborrecer a un enemigo, y el propio Levítico prohíbe el rencor dos líneas antes. Corrige una deducción popular de la Ley, no la Ley.

¿Qué significan las «ascuas de fuego» sobre la cabeza del enemigo?

Hay tres lecturas con apoyo serio y no son compatibles: la vergüenza que arde y trabaja la conciencia; un rito egipcio de penitencia en que se llevaban carbones sobre la cabeza como señal de arrepentimiento; o el juicio que se acumula sobre quien rechaza la bondad. La cuestión está genuinamente abierta. Las tres coinciden en la instrucción: darle de comer.

Temas relacionados

Escritura: Reina-Valera 1909, dominio público. Última actualización: 15 de agosto de 2026.